10/03/10
Ya no es solo cuestión de ser o no mayor de edad, sino de limitar un producto, las bebidas alcohólicas, que es extraordinariamente perjudicial para todos los seres humanos, hombres o mujeres, jóvenes o ancianos. Todos sabemos que cualquiera puede ir a un hipermercado y comprar todas las botellas de bebidas alcohólicas que le permita su bolsillo y su hígado. Y quien gana con esa barbaridad? Los consumidores de esas bombas legales no ganan ni en salud ni en libertad, como erroneamente parece que se les ha mal enseñado. El mercado de trabajo tampoco, pues miles de empleos del sector hostelero peligran por este libertinaje comercial. Los jóvenes pierden salud física y mental, mientras que sus padres deben soportar y pagar las consecuencas de esta mala educación que da la sociedad. Entonces solo ganan los supermercados, hipermercados, licorerías, fabricantes e importadores de bebidas alcohólicas y el Estado por los impuestos que recauda. Ese Estado que se supone que debe proteger de todo mal a sus ciudadanos, el mismo que permite que nos envenenen con tabaco manipulado con sustancias que multiplican sus efectos negativos. El mismo que envía a nuestros jóvenes a las guerras económicas de otros. Dios, tú que nos libras de todo mal, líbranos también de todos ellos...









