Las familias españolas contemplan espantadas e impotentes el ascenso imparable de los tipos de interés, que tras ocho subidas desde 2005, y en palabras de los analistas, siguen sin alcanzar techo. El recibo de la hipoteca engulle la mitad de los ingresos mensuales de más de un cuarto de las familias españolas, lo que justifica el pánico de millones de personas que se están viendo acorraladas por sus créditos y sufriendo una pérdida paulatina de su poder adquisitivo.
Mientras tanto nuestros gobernantes nos bombardean con la misma verborrea de siempre, que se hará una política eficaz que acabe con el problema de los ciudadanos a la hora de adquirir una vivienda, pero la realidad es que no se vislumbra ninguna solución más que seguir endeudándonos hasta las cejas.
El ejecutivo se enfrenta a las próximas elecciones con los deberes sin hacer en esta materia y ahora pretende hacernos creer que la solución pasaría por el alquiler. Pero hablemos claro, no se puede cambiar la mentalidad de la ciudadanía de la noche a la mañana, ni copiar de otros países solo aquello que interesa en un momento puntual. Puede que en otros lugares esta práctica funcione, pero España siempre ha sido un país con un sentido arraigado de la propiedad y el sentir general es que alquilar es tirar el dinero. Se necesitaría algo más que la fracasada “Agencia del alquiler ”tan cacareada por este gobierno, para hacer más atractiva esta opción.
Desde las organizaciones de consumidores se advierte ya de que los esfuerzos de las familias para llegar a fin de mes están al límite y de que la subida de tipos tendrá un efecto devastador para muchas economías. Pues bien, no pretendo ser alarmista, pero veo el evidente riesgo que planea sobre muchos hogares españoles, al contrario, lo que quiero es preparar a los consumidores ante el otoño que se nos avecina, con la inminente subida de algunos alimentos básicos, que podrían acabar dando la puntilla a muchas economías familiares.
Se prevé una subida desorbitada de alimentos básicos tales como la leche, los huevos o el pollo, que podrían llegar a encarecerse desde un 20% a un 40% en el caso de los lácteos, sin olvidar frutas, legumbres, hortalizas o pan, subidas en otros momentos asumibles, pero difíciles de soportar cuando ya las economías se encuentran al límite.
Estas disparatadas subidas son achacadas al boom de los combustibles verdes, potentes demandantes de cereales, pero no nos olvidemos de que existe otro agente causante, que no es otro que la ESPECULACIÓN, pero aquí nadie parece enterarse de nada y quien ha de tomar cartas en el asunto permanece impasible, mientras los ciudadanos comienzan a sentirse con el agua al cuello.
Las consecuencias de todo esto se están dejando sentir ya en sectores concretos. Hoteles, restaurantes y heladerías han visto ya como sus terrazas quedaban vacías ante la falta de afluencia turística y de la merma en los bolsillos de los que sí llegaban. Ha comenzado a cundir ya el ambiente de pesimismo y este panorama desolador se agravará el próximo año, cuando muchos ciudadanos vean revisadas sus hipotecas. Mucho me temo que se está produciendo ya un cambio de ciclo en la economía española y se avecina una crisis económica, algo que por supuesto no será admitido por el ejecutivo en vísperas de una cita electoral.
¿hacia dónde mira este gobierno mientras miles de hogares españoles ven como su economía se acerca al borde del precipicio?



