Lo primero que necesitamos es un cambio sustancial en el enfoque global con el que nos estamos enfrentando a la crisis en la Unión Europea (UE). Recortar a machete y a toda velocidad el déficit en países como España no es responsabilidad fiscal, es ignorancia fiscal. Pregonar y exigir la austeridad para el conjunto de la UE y no abrir la puerta a un mayor activismo del Banco Central Europeo es irracional desde un punto de vista económico. Solo una ética del sufrimiento elevada a dogma la soporta. Dado su nivel actual de deuda, España puede y debe prorrogar el ajuste fiscal al menos hasta 2015 sin que el punto de llegada en el cociente entre deuda pública y PIB cambie significativamente. Alemania y otros países pueden y deben aprobar paquetes de estímulo fiscal que incrementen sus importaciones y nos den aire a los países con una demanda interna muy debilitada. Mariano Rajoy y sus ministros deberían fijarse como prioridad diplomática este cambio de enfoque en Bruselas.





