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Se desinfla la burbuja hostelera: cafés, cañas y pintxos a mitad de precio
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Cuando un ciudadano preguntó en un programa televisivo a José Luis Zapatero cuánto creía él que se pagaba por un café en un bar corriente y éste respondió que «unos ochenta céntimos, más o menos», corrieron ríos de tinta por la 'ocurrencia' nada derrochadora del presidente del Gobierno. Sucedió en marzo de 2004, en plena escalada del euro y del precio de la vivienda, año en que la economía española creció un 3,1% y el número de desempleados bajó un 2,4%.

La antítesis de nuestros días, en una palabra. Pero hoy, cuando es de suponer que la vida es más cara y bebemos los vientos no por un café con leche, sino por llegar a fin de mes sin la amenaza de un ERE a nuestras espaldas, se daría por satisfactoria la respuesta de ZP, porque el café a ochenta céntimos, e incluso a menos, es la receta que cada vez más hosteleros idean para paliar la caída de la recaudación y cubrir, al menos, los gastos corrientes.

Álvaro Manso, propietario del local Casa Vergara en San Sebastián, asegura que desde que el pasado verano tiró los precios a la mitad dispensa 65 barriles de cerveza al mes, en lugar de los trece que venía siendo lo habitual.

En café gasta por semana cuatro kilos más que hace nueve meses, el fin de semana saca de los fogones 300 pintxos calientes, diez veces más que un año atrás, y sus vitrinas se acicalan a diario con diez tortillas de patata en lugar de una.

No todos los hosteleros de la zona se han mostrado receptivos con su iniciativa y algunos le han criticado con dureza por lo que consideran una competencia desleal, pero a él se le llena el estómago de satisfacción con frases como «gracias por hacer que salgamos a la calle» y «ojalá que todos hicieran lo mismo que tú», que le dedican muchos de sus clientes.

La peor época para los locales de hostelería es la que va de noviembre a febrero. Si a ello se suma el impacto de la crisis, que ha estallado de lleno en este periodo, Álvaro Manso se da con un canto en los dientes porque a fin de mes tiene las cuentas saneadas.

El hambre agudiza el ingenio. En Bilbao, en Gijón, en Barcelona... no han faltado iniciativas parecidas. Cafés a 0,50 y a 0,60, como los precios de las tiendas de 'todo a cien', bocadillos a un euro, bonos-menú con comida de regalo, cenas a mitad de precio los martes y miércoles, hosteleros que sortean televisores o un fin de semana en un parador entre los clientes que acuden al menú del día, 'pintxo-crisis' a dos por uno...

«No es que ganemos, pero si tienes el local abierto, pagas un alquiler y tienes los camareros, los cocineros y el pescado fresco del día, los gastos son iguales. De esta manera, los clientes que aprovechan la oferta ayudan a cubrir gastos y a que tengamos abierto el resto de la semana», justifica Jordi Noguera, que regenta la marisquería 'Ca la Nuri' en la Ciudad Condal, local que así y todo se ha visto obligado a reducir personal.

Publicidad o rentabilidad
Todo depende del cristal con que se mire. Por el precio de un café, la segunda materia prima por volumen de contratación después del petróleo, nos ponen una taza, un plato y una cucharilla que después gastará su agua en el correspondiente lavado. Nos dan el café, azúcar o edulcorante, un vaso de agua, una aspirina si nos duele la cabeza, una mesa y una silla.

Además, nos dejan el periódico, usamos el perchero del bar, la luz, la calefacción, el aire acondicionado y tenemos cobijo para resguardarnos del frío y la lluvia de fuera. De paso también, vemos la televisión u oímos la radio. Podemos hacer nuestras necesidades e incluso nos dan conversación y nos enteramos de las noticias y de los resultados deportivos. Podemos observar, pensar, estudiar, leer, escribir... ¿Y de verdad es caro un café a más de un euro -es lo que se paga-, ese arma persuasiva que tantas veces se utiliza para convencer a alguien de algo («te invito a un café»)?

Ángel Gago, presidente de una de las asociaciones de hosteleros más potentes de Euskadi, cree que los cafés a 0,50 son «más bien una cuestión de publicidad que de rentabilidad». «Yo puedo vender un café ganando diez céntimos o ganar los mismo vendiendo cien cafés, pero para eso tengo que tener cien clientes», explica. Esta agrupación profesional de hosteleros, que cobran una media de 1,10 a 1,40 euros según se trate de un con leche, un solo o un cortado, ha aconsejado a sus afiliados contener los precios y buscar proveedores alternativos que les cobren más barato para salir de la mala situación.

«Buscamos la solidaridad, estar con nuestro público habitual y pasar un año averiguando cómo ser útiles a nuestros clientes. Ya vendrán tiempos mejores», apunta José María Cañellas, mánager de la franquicia 'Tapasbar'. Cañellas asegura haber atravesado cuatro crisis en sus treinta años de experiencia tras la barra. Cuántos cafés ha visto poner en este tiempo. Y cuántos tragos amargos.

http://www.elcorreodigital.com/alava/20090304/sociedad/cincuenta-centimos-cafe-20090304.html

hace unos 3 años
Anon_user Anónimo

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