Los trajes ya están en la tintorería, los zapatos limpios, la golilla blanca, el cuerpo sigue cansado..., el espíritu intacto. Digo lo del espíritu porque he visto a mis alumnos adolescentes en una nube, la de la añoranza, la que considera un castigo el que queden 355 días para volver a empezar y piensan, sin razón, que es una eternidad.
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